Abbey Road... #662
En
cuanto terminamos volvimos a Londres para dirigirnos a la casa de John y
Delilah, pues su escena sería la última en rodarse; abordamos de nueva cuenta
la vagoneta y volvimos a tardar dos horas en el viaje, íbamos un poco cansados
ya.
Sofía
dormía un poco en el hombro de Paul y yo llevaba a Martha recargada sobre mis
piernas, durmiendo también, mientras que adelante la charla no cesaba. Al
llegar a la gran mansión de Lennon y Delilah, y terminamos de bajar todo el
equipo, caminamos hasta una parte un poco antigua del lugar en donde había una
pequeña cabaña para huéspedes y ambos decidieron que sería ahí donde se
filmarían sus escenas.
Y
como ellos debían hacer todo extraordinario, ambos estaban completamente
vestidos de negro y llevaban el cabello suelto, además que hicieron uso de un
par de capas que llevaban como accesorios, las cuales también eran oscuras.
-Si
no es sensacional no cuenta ¿verdad amigo?- Una voz peculiar salió detrás de
todos nosotros y al voltear nos encontramos con el mismísimo Frank Zappa, un
amigo muy cercano de Lennon.
-Hey
Frank, tus visitas siempre tan oportunas- saludó Delilah con sarcasmo haciendo
reír a éste.
-Ustedes
me hicieron la invitación, yo sólo decidí el día y la hora para hacerlo ¿Están
trabajando?
-Algo
así, grabaremos un video, estamos por terminar, esta jornada ha sido
maratónica- contestó Lennon y posteriormente fue presentado con todos y cada
uno de nosotros. Preguntó si podía presenciar el rodaje y aceptamos, era un
honor tenerlo entre nosotros haciendo bromas ácidas e intercambiando su
perspectiva sobre el mundo.
John
y Delilah estaban en su momento protagónico filmando sus escenas y vaya que
sobresalían, al final cada pareja había plasmado su estilo no sólo al vestir,
sino también de vida; quería saber quiénes eran los más normales, pues los más
excéntricos ya estaban identificados.
Mientras
continuaban el rodaje pude ver que Frank le echaba un vistazo al álbum de los
Floyd, me llamó la tención y él se percató de ello.
-Está
muy bueno ¿Quieres escucharlo?
-También
lo tengo...-contesté sonriente
-Su
portada es interesante... espera tú eres María Monroe ¿cierto? Tú hiciste esta
portada- decía emocionado y sonriente.
-Así
es, yo la hice, consideraré tu comentario y emoción como un halago- respondí
amistosa.
-Entonces
sabes que es verdad lo que se dice sobre que son muy raros... son buenos tipos,
pero bastante enigmáticos.
-¿Los
conoces bien?
-Algo
así, tuve la oportunidad de compartir el escenario con ellos hace poco, de
hecho tuve el placer de ser invitado por ellos mismos y fue increíble.
-¿De
verdad? No lo supe...
-Te
habría gustado estar ahí, si tú diseñaste esto, lo habrías entendido. Muchos
chicos que sólo querían drogarse y fingir tener un estatus artístico se dieron
cita, sólo para llenar su ego con un poco de esnobismo. Idiotas.- Yo reí fuerte
ante la crítica de Zappa que no podía faltar. Nos quedamos en silencio y
observamos un poco el rodaje que seguía en pie.
-¿Te
agradaron?- pregunté.
-¿Qué
cosa?
-Los
Floyd...
-¡Ah!
Claro, son unos tipos muy agradables, no son como McCartney- reí fuerte y él
sólo hizo algunos gestos como obviando la situación. –Me refiero a que tienen
un motivo extra al dinero para hacer su música y les gusta como arte, eso es
bueno, se preocupan incluso por lo que ofrecerán a s sus seguidores.
-Eso
parece. Son una banda excepcional.
-¿Te
gustan eh? Quizá a ellos les gustes también, pienso que especialmente a Roger,
le gustan las chicas como tú... no me preguntes a qué me refiero porque no
sabría explicártelo.- Sin duda Frank era demasiado raro, directo y divertido.
-¿Por
qué Roger? ¿Por qué no... David?
-Ah
te gusta el rubiecillo. Tiene un excelente sentido del humor y es buen
guitarrista, pero parece ser muy infeliz.- Era evidente que Frank no tenía idea
de que yo estaba involucrada con él y sin saberlo, aquella charla, cambiaría en
gran medida aquel futuro que creí que estaba destinado a vivir.
-¿Cómo
que infeliz?
-¿Puedo
ser completamente honesto contigo?
-Por
favor...
-Ellos
saben divertirse muy bien en backstage, incluso Rick pese a ser casado... tú me
entiendes, pero David parece privarse de aquellos deseos que todo ser humano
tiene.
-Quizá
sea porque tenga novia...
-Más
allá de eso, es decir... he visto a hombres enamorados ser leales con sus
mujeres y ser felices con su decisión...
-Pero
él...
-Él
parece estar viviendo en la abstinencia y no me refiero sólo al sexo, sino de
su propia carrera musical, parece preocupado todo el tiempo por no perder ni un
poco el control con absolutamente nada, y parece estar perdiéndose en gran
medida de la maravilla que es pertenecer a este mundo tan mierdero e interesante.
No sé qué es lo que lo ate, pero debería deshacerse de eso y comenzar a vivir.-
me quedé completamente hundida en las palabras de Frank ¿Cómo era posible que
todo eso le sucediera y yo no estuviera enterada? ¿Estábamos muy metidos en
nuestros asuntos para no tener el tiempo suficiente de hablar? ¿O sólo era
hipócrita? Fingiendo que era feliz a mi lado.
Afortunadamente
el grito “¡corte!” desvió la atención de esa charla y caminamos hasta Lennon y
Delilah, quienes parecían satisfechos con el trabajo hecho pese a no ver nada
aún. Durante la siguiente media hora en la que Ringo hablaba con los tipos que
editarían y con los que habían filmado para ultimar detalles, me dediqué a aparentar
completa tranquilidad lo más que pudiera, aunque al parecer no era muy buena
fingiendo, George me dedicaba miradas curiosas de vez en cuando y yo tuve que
apartarme de ellos.
Como
nuestros autos se habían quedado en casa de Lennon debido al viaje en vagoneta,
lo primero que hice en cuanto todos comenzaron a despedirse fue caminar
presurosamente hasta mi auto y tenía muy en claro mi objetivo: ir a hablar con
David. Estaba enojada, confundida y un poco herida y quería disipar todas mis
dudas. Pero antes de poder abordar mi auto...
-¡Hey!
¿Todo bien?- preguntó George, sin saber exactamente de dónde había salido.
-Sí,
todo bien ¿por qué?
-¿Te
dijo algo Frank?
-Sólo
intercambiamos comentarios sin importancia...
-Ah...
-¿Por
qué la pregunta?
-John
parecía muy contento de verte hablar con él.- Ahora todo parecía tener sentido,
John había planeado mi charla con Frank sin que ninguno de los dos supiera que
estaríamos por encontrarnos ahí, lo cual significaba, que John quería hacerme
ver la situación a la que me enfrentaría al llevar a cabo mi matrimonio con
Dave.
-Qué
listo...-dije en voz alta.
-¿Perdón?-
preguntó George bastante extrañado.
-Olvídalo,
me perdí en otros pensamientos
-Eso
veo...
-Bien.
Gracias por la invitación George, me encantó compartir esta grabación con
ustedes, espero ver pronto el resultado final.
-Gracias
por aceptar acompañarme, fue importante para mí- contestó con honestidad y una sonrisa pacífica.
-Lo
hago porque te quiero-contesté y él me miró con asombro disimulado.
-Creí...
que era un sentimiento que...
-Vamos
¿después de tanto tiempo? No podría olvidarlo y ya. Siempre hemos sido amigos
pese a todo George y está bien ¿no crees?
-Bastante
bien- respondió sonriente -¿Y ahora?
-Ahora...
me voy. Cuídate George, por favor- me acerqué lentamente hasta a él y besé
lentamente su mejilla, él acarició mi rostro y después de mirarnos un poco más,
volví a mi auto; subí, encendí el motor y salí de la gran mansión sin saber
exactamente qué sería lo que pasaría después.
Eran
las siete y media de la noche, hacía frío, pero seguía determinada en ir a
visitar a David... y así lo hice.
Llevaba
un diálogo que durante el trayecto fui planeando, casi iba a escupiendo palabra
tras palabra, mis emociones no podían apagarse, comenzaba a ponerme incontrolable,
pensé que lo mejor sería calmarme; mientras esperaba un cambio de luces en el
semáforo jugaba con mi anillo de bodas, deseaba aclarar el asunto, pero otra
parte de mí se sentía diferente.
Y
llegando a la casa de David, sintiendo que no habría cosa que podría apagar mi
fuego, bajé del auto para caminar hacia la entrada cuando de pronto, el sonido
de unos zapatos de tacón me sacaron de mi trance; al mirar hacia el pasillo que
llevaba a la puerta de la casa de Dave, una melena rubia casi platinada, que
abría paso a un par de ojos claros que hacían descanso a unas cejas vintage, me
robaron por completo aquel sentimiento.
Me
acerqué con cautela y vi como esa chica rubia planeaba caminar hacia un auto, y
esa chica no era otra más que Vriginia “Ginger” Hasenbein: la ex novia de
David.
-Espera-
la detuve -¿Viniste a ver a Dave?- pregunté confundida y ella al mirarme
sonrió, pronto me reconoció.
-Sí,
pero él no está o quizás no me quiso abrir... tal vez se arrepintió- contestó
bajando el rostro. –Espero que tú tengas más suerte- me dijo y planeaba caminar
de nuevo.
-¿Arrepentirse
de qué?
-De
verme... él me pidió que viniera, quería platicar conmigo, dijo que últimamente
se sentía mal y tuvo la confianza de llamarme y decírmelo. Sé que suena mal,
pero sabes que somos amigos, yo misma he pedido que no llame y que pese a ser
amigos, recuerde que tiene ahora un compromiso.
-¿Podrías
esperar unos segundos?- pedí después de escucharle decir aquello y ella asintió
aunque con un poco de duda.
Caminé
hasta la puerta de David con un poco de torpeza, después de aquellas palabras
me sentía un poco insegura; toqué la puerta tres veces, le llamé por su nombre
dos y al parecer en efecto, él no estaba en casa.
-Ni
tú ni yo tuvimos suerte- respondí
-Eso
es bueno, así sabemos que él no se escondía y que nada malo iba a pasar- decía
intentando hacerme creer en ella, quien parecía nerviosa por la situación en la
que David la puso. Sin embargo yo hasta ese momento me plantee lo curioso que
resultaba estar ahí, al mismo tiempo que ella; si bien ambas recibimos la
invitación de David, yo no respondí, por eso fue que me tomé la libertad de ir
a cualquier hora, y ella al parecer también. Parecía convenientemente coincidente.
-Ginger...
¿podemos hablar?- pregunté mirando hacia el suelo y ella expresó la más
asustada de las expresiones.
-¿Sobre
qué?
-Hay
algo que quiero, necesito saber. Te pido que seas completamente honesta, por
favor.-ambas nos miramos, ella suspiró, y pronto comenzamos.
Durante
una hora escuché en palabras de Ginger cómo había sido la relación que llevó
con David, los largos años que pasaron juntos y todas y cada una de las
situaciones por las cuales pasaron, ella parecía conmovida por recordar
aquellos años y ese sentimiento que experimentaba cuando estaba a su lado.
También le pedí que me contara sobre la amistad que llevaban ahora y fue
complicado para Ginger ser totalmente abierta respecto al tema, ya que al
parecer, al inicio de mi relación con David, éste aún se sentía inseguro de
comenzar algo con alguien más.
Entonces,
después de todo lo que solicité saber y me fue concedido de la boca de una
amable y comprensiva Ginger, supe que aquella relación era completamente
similar a la mía con George en el aspecto sentimental y es que David había
estado total y absolutamente enamorado de ella, tal y como George lo estaba de
mí, lo que quería decir que Gilmour, al igual que yo, intentó apagar la gran
llama de un fuego pasional de tantos años y tanto amor en otro relación, que si
bien era bonita y cariñosa, jamás se compararía, para ambos, en lo que habíamos
tenido antes.
Estaba
segura de algo ahora y agradeciendo a Ginger la dejé ir, ella subió a su auto,
se despidió de mí amablemente y me pidió que hiciera lo mejor por David, y en esa
petición había mucho amor.
Lo
siguiente que hice fue subir a mi auto y quedarme ahí, en silencio, pensando en
todo lo que había escuchado, todo lo que había pasado los últimos días y revisé
mi relación casi a detalle desde el inicio; claro, nos queríamos profundamente,
pero ambos estábamos apresurando un hecho que quizás nos libraría de cometer un
error pasional o tal vez nos alejaría de algo de lo que realmente no queríamos
alejarnos. Habíamos pasado el tiempo suficiente alejados del verdadero amor,
intentando sanar todas las heridas que fue así como ambos nos ayudamos y lo
logramos, pero en nuestra mente, en nuestro corazón había algo más, y ese algo
se parecía al ayer.
Por
tanto, después de pasar media hora más en mi auto, tomé mi bolso sacando de él
una pequeña libreta, un bolígrafo y suspirando comencé a escribir, haciendo
pausas de vez en cuando para tocar mi frente, tocar mi nariz, cerrar los ojos o
simplemente respirar, pues era completamente abrumador.
Al
terminar hice un doblez por la mitad a esa hoja, nerviosa y dubitativa bajé de
mi auto y caminé hasta la casa de David, tenía una llave de su hogar así como
él tenía una del mío; abrí lentamente y estaba completamente oscuro. Encendí
una de las lámparas de la sala y en la mesa de centro, que era la más utilizada
por él, puse la hoja sintiendo una punzada en el pecho que me hizo detenerme
unos segundos y al vencer el abatimiento, apagué la luz y caminé al exterior,
enterrando la llave en la tierra y caminando a grandes pasos hasta mi auto. Al
subir cerré de un portazo y comencé a llorar; me repuse y puse en marcha el
motor, así, siendo las nueve de la noche en punto, conduje a casa sintiendo
frío y dolor.
Llegué
a casa y me refugié en mi estudio, desconecté el teléfono y tomé una de las
cobijas que tenía en el mueble donde guardaba algunas batas para pintar; me
senté en el sillón más grande y al fin estando plenamente consciente de lo que
había sucedido comencé a llorar nuevamente.
El
llanto de esa tarde era particularmente interminable, me dolía no sólo el alma,
también los huesos y si continuaba así, el estómago y la garganta; era un
llanto cuyo ímpetu era más fuerte que yo. Me levanté por pañuelos envuelta en
mi cobija, limpié mi rostro, mi nariz y aclaré un poco mi garganta, tomé agua y
volví al estudio; encendí un par de velas que estaban sobre la mesa, mientras
pensaba en lo terrible que era pasar por esa situación.
Conecté
el teléfono y no había recibido aún ninguna llamada, pensé en llamar a alguien
y la primera persona en mi mente fue George, su tono de voz, tan pacífico...
hasta que descarté la idea; me levanté del sillón, di un par de vueltas en la
sala y fui por vino, pero me detuve al instante, pensé que esta vez no
solucionaría las cosas con alcohol. De inmediato corrí escaleras arriba al
recordar que llevaba dos semanas sin cambiar mis sábanas y David había dormido
hacía no mucho ahí, por lo cual comencé a quitar desde edredones hasta fundas.
Tiré
las sábanas, envolví bien los edredones, fundas y una almohada para ponerlas en
una gran caja, la sellé y la doné a un asilo de ancianos; al volver a mi cuarto
saqué sábanas nuevas, las puse así como un nuevo edredón y otra almohada;
limpié mi habitación e incluso cambié las cortinas, las antiguas las puse
dentro de bolsas pues las llevaría a alguna lavandería. Al terminar y bajar a
la sala, mi mirada se dirigió hacia el teléfono, nuevamente sentí la necesidad
de llamar a George, me acerqué a la bocina pero me detuve de nueva cuenta. Tomé
una ducha bastante larga y cálida, me sentía agotada desde adentro hasta afuera.
Cuando
salí subí de nuevo a mi cuarto para terminar de secar bien mi cuerpo, me vestí
y comencé a secar mi cabello con la secadora, la cual tenía bastante tiempo de
no usar, al parecer quería ocupar mi mente incluso en la mínima actividad
posible y en eso me llevé cerca de veinte minutos; encendí la radio y pasaban
cualquier canción a la que no puse atención. Para cuando cepillé mi cabello me
di cuenta de que cantaba y que extrañamente mi ánimo había cambiado un poco
para bien: la canción era “I should have known better” de los Beatles.
La
siguiente media hora fue seguida de otras canciones de los chicos y no había
sido consciente hasta esa noche, de que sabía todas las canciones que estaban
transmitiendo, además, entendí con mayor empatía a sus fanáticas, pues escuchar
a los Beatles mejoraba las cosas en gran medida. Hasta que apagué la radio y
ahora con ropa más cómoda encendí el televisor, posiblemente pasaban alguna
película, la cual por cierto no me di el tiempo de ver pues caí rendida ante el
sueño que se apoderó repentinamente de mí.
Tuve
un extraño sueño que me llevó a mis días de adolescencia, estaba sentada en el
salón de clases y ahí no había nadie conocido, ni siquiera Montse, que iba en
mi misma clase; al salir al patio evadiendo el alboroto del salón de clases me
percaté de que no había nadie y era inquietante tanto silencio, tenía la
sensación de que algo malo sucedería pronto, por lo cual corría hasta el
exterior.
Justo
cuando seguía mis torpe carrera entre calles solitarias y sin mucho ruido, caía
al suelo, sintiendo desesperación al creerme perdida en un lugar conocido,
hasta que pronto, unos zapatos varoniles se posaban frente a mis ojos que aún
observaban un poco el suelo; una blanca mano apareció frente a mí y cuando miré
hacia arriba, pude ver a George, él se veía igual de joven que yo y llevaba su
uniforme escolar, me sonreía y yo le sonreía también. Estaba por tomar su mano,
cuando una llamada entrante me despertó con brusquedad.
Intentaba
calmar mi respiración y encendí la lámpara, estaba tan molesta que no me tomé
el tiempo de bajar a contestar hasta que se escuchó la contestadora timbrar;
bajé y con un poco de temor reproduje el mensaje.
-“María, soy Roger...”-suspiré un poco al
escuchar su voz –“David está con
nosotros, está muy alcoholizado, no dejaba de decir que tenía que hablar
contigo y por eso te llamé. Sea cual sea la mierda por la cual estén pasando
deténganse, David comienza a desesperarme. Pasará la noche en mi casa y
temprano lo mandaré en taxi hasta la suya... sentí que debía informarte de
esto, disculpa la hora...”.- Al terminar el mensaje me senté en el sillón y
pensé si David estaría tan mal porque había pensado en tomar la misma decisión
que yo.
Pensar
en él me puso mal de nueva cuenta y mis lágrimas delataron que necesitaba
descansar, al menos ahora no era un llanto agotador. Me quedé en silencio un
rato y sin pensar más tomé el teléfono, marqué rápido los dígitos, la llamada
entró y alguien contestó del otro lado.
-¿Diga?...-me
quedé muda unos instantes, suponiendo también que la vergüenza me comía viva al
estar haciendo una llamada a las tres de la mañana.
-¿George?-
pregunté con un poco de carraspera.
-¿María?
¿Eres tú? ¿Qué pasa?
-Yo...
quería hablar contigo-dije un poco insegura.
-¿Sobre
qué? ¿Has estado llorando?
-Sí,
por eso necesitaba oír tu voz...
-¿Por
qué?- después de un breve silencio él comenzó a hablar de nuevo –Es decir, está
bien, sabes que puedes llamarme, sólo que es un poco extraño lo que dices y
máxime que llames a esta hora, comienzo a preocuparme.-Hasta ese punto me sentí
totalmente estúpida e irracional.
-Olvídalo
yo... sólo tuve un mal sueño y fuiste el primer número en mi teléfono. Lo
lamento, descansa.
-Pero...-
Colgué y subí a prisa para meterme en la cama y dormir.
Nada
podía hacerme conciliar el sueño hasta que pensé que lo mejor sería tomar un
descanso de todo: iría a Liverpool. Necesitaba mi casa, mis orígenes y a mi
familia, especialmente a mi madre, siempre necesitaría de ella. Me levante de
un salto para comenzar a hacer un par de maletas, pensaba que lo mejor sería
que mi madre siguiera siendo la única persona que se había enterado de mi
compromiso con David.
Me
puse unos jeans, cualquier blusa, un par de cómodos tennis y salí casi corriendo
para tomar un taxi; el chofer me ayudó con
las maletas, subimos al auto y le pedí que me llevara a la estación de
trenes. Él preguntó a manera de broma si huía de alguien, yo respondí riendo
“eso espero”, él sonrió y encendió la radió, me dijo que parecía nerviosa y me
invitó un cigarrillo francés. El hombre ya tenía algunos años encima y tenía la
imagen de eterno abuelito amable.
Encendió
la radio y confirmé que era francés al escuchar el intermedio de una de las
canciones de Juliette Greco, caía una ligera llovizna y debido a un percance a
mitad de camino, tuvo que cambiar el rumbo e inevitablemente pasaría por los
estudios “Abbey Road”; “Non je ne regrette rien” comenzó y nosotros ya
pasábamos afuera de los estudios en un emblemático momento donde me quedé
observando el lugar mientras sentía un vacío en el estómago, pero al mismo
tiempo sentía alivio, una libertad inefable.
Y
poco a poco dejábamos atrás a la fría y ruidosa Londres, al mismo tiempo que
dejaba la oficina de la revista, la radiodifusora, la galería que no abriría; estaba
decidida a abandonar por tiempo indefinido a aquella Londres que me recibió en
mi regreso a Inglaterra después de Hamburgo, la primera escuela a la que entré
gracias a la llamada que tuvo Stuart con
el director de la misma y así poder retomar mis estudios, y también, el
recuerdo de aquella tienda de música donde conseguí mi primer empleo gracias a
Joan.
Una
vez en la estación de trenes esperé pacientemente la siguiente salida a
Liverpool, llegaría cuando la mañana estuviera en plenitud, podría dormir
durante el trayecto y así recuperar el sueño perdido. Así, siendo las cuatro de
la mañana, aborde un cómodo y un poco antiguo tren que me llevaría de vuelta
casa, tomando asiento en un lugar que me brindara la mayor privacidad posible; teniendo
mis maletas en su lugar, un espacio sólo para mí y la ventanilla a mi costado
derecho, el tren partió hacia el lugar que me abrigaba siempre que las cosas se
complicaban sólo para darme un poquito de paz.
Eran
las ocho de la mañana del último día de agosto, la gente en Londres llevaba con
normalidad la rutina que día a día les esperaba: levantarse temprano,
alistarse, salir de casa y llegar al trabajo; mis amigas hacían ese respectivo
paseo matutino entre sus hogares, las avenidas muy transitadas de Londres y su
llegada a las oficinas de la revista. Todas estaban ahí, iniciando sus labores
de siempre, todo marchaba normalmente hasta que dadas las nueve su intriga
creció.
Joan, lamento que este capítulo sea muy extenso y tengas que dividir en dos tu lectura jajaja, pero ya les había hecho esperar mucho por una actualización, creo que era justo y además era necesario que se contextualizara todo.
Espero que el capítulo les haya gustado y que no sufran tanto por esta triste situación ): ahora sólo queda esperar qué sucederá al final.
Gracias por sus hermosos comentarios :3

Me destrozaste con este capítulo y no por lo evidente en la relación de David y María, porque todos sabemos que siempre fue medio puñetas... Sino por los sentimientos de María, en verdad fue muy triste pero en cierta forma bonito; con toda seguridad ya pudo decir "bye" a esa mentira del compromiso y también la Ginger poca madre en contarle las cosas.
ResponderEliminarFrank sabroso apareció 7u7 y su participación también ayudó mucho :D
Pd. Quisiera tener el cabello de la Ginger, pero soy muy prieta para ser blonda 😂😂😂😂
No me arrepiento de ninguna desición de María, ella es sabia y tiene todo bajo control (creo) Pero mujer... DEJA DE HUIR!!!!
ResponderEliminarPobrecita 😭
George me mata de amor... Te acordás cuando estábamos todas enojadas con el cabron? BUENO AHORA LO AMAMOS DE VUELTA!!! imposible enojarse tanto tiempo con él jaja
Ese suspenso se te lee ehh Frida 😹🙆
Dividí en 3 mi lectura jajajajajaja
ResponderEliminarYa me estoy quedando dormida pero tenía que terminar este suspenso jajajjaja
Lloré junto con María :'( yo la entiendo y la comprendo demasiado :( es horrible vivir algo así
Espero que el regreso a Liverpool le caiga bien y mejore sentimentalmente
A pesar de tanta tristeza fue un buen capítulo :) se que el fial está muy cerca ♡
Te quieramo :*